La Beca

Esta es la sección mas grande que quité de Luna Nueva.  La mayor parte es del capítulo 6 más siete historias cortas que suceden entre el resto de la historia, hasta el final.  Yo creí que era divertido, pero mis editores no estuvieron de acuerdo.  Esta parte no era necesaria, así que la sacrifiqué en el “altar de la edición”.

Stephenie Meyer

ESCENA UNO: El día después de que Bella ve la película de zombies con Jessica.

Todavía extrañaba Phoenix en algunas ocasiones.  Ahora, por ejemplo, cuando me dirigía al Banco Federal de Forks a depositar mi cheque [lo que le pagaban por trabajar en la tienda de Mike].  Qué no daría yo por la comodidad de servicio en el auto y un cajero automático.  O al menos el anonimato al ser atendido por un desconocido.

“Buenas tardes, Bella.” La mamá de Jessica me saludó.

“Hola, Sra. Stanley.”

“Que bueno que pudiste salir con Jessica anoche.  Hacía mucho tiempo que no lo hacían.” Dijo ella, trantando de entablar conversación, sonrió queriendo parecer amigable. Algo en mi expresión debió haber estado mal porque su sonrisa de pronto pareció rígida, y pasó la mano nerviosamente por su cabello donde se detuvo un momento; su cabello tenía tantos rizos como el de Jessica y estaba arreglado de manera que sus rizos se veían tiesos.

Sonreí en respuesta, pero mi reacción llegó muy tarde.  Mi tiempo de reacción era lento.

“Sí.” Contesté en lo que pensé sería un tono sociable.  “He estado muy ocupada.  Escuela… trabajo…” Traté de agregar algo a mi pequeña lista pero me quedé en blanco.

“Claro,” sonrío mas afectuosamente, probablemente feliz de que mi respuesta sonó normal.

De repente se me ocurrió que no debería engañarme a mi misma asumiendo la razón de su sonrisa.  Quien sabe que le había dicho Jessica acerca de anoche.  Yo era la hija de la excéntrica ex de Charlie -la locura puede ser genética y además, yo era parte de los raros del pueblo.  Deseché rápido este último pensamiento, estremeciéndome.  También era la victima de una especie de coma en vida. Decidí que había bastantes buenos argumentos para estar loca, sin siquiera contar las voces que oía en mi cabeza, y me  pregunté si la Sra. Stanley realmente pensaba eso.

Ella debió ver la especulación en mis ojos, porque desvió la mirada rápidamente a las ventanas detrás de mi.

“Trabajo.” Repetí, atrayendo su atención mientras ponía mi cheque en el mostrador.  “Que es por lo que estoy aquí”.

Sonrió de nuevo.  Su lápiz de labios se estaba desvaneciendo conforme progresaba el día, y era claro que había pintado sus labios de manera que se vieran mas gruesos de lo que eran en realidad.

“¿Cómo van las cosas en la tienda de los Newton?” Me preguntó.

“Bien.  La temporada está empezando” dije automáticamente, aunque ella pasaba por la tienda todos los días -ya debe haber visto los autos desconocidos.  Probablemente conocía el flujo de los excursionistas mejor que yo.

Asintió con la cabeza mientras presionaba las teclas en su computadora.  Mis ojos paseaban por el mostrador.  Las paredes y la alfombra eran mas actuales, de un gris neutral.  Pero el mostrador guardaba el estilo original del edificio.

“Hmmm,” murmuró la Sra. Stanley en un tono más elevado de lo normal.  La miré, no muy interesada, preguntándome si alguna araña la había asustado.

Pero sus ojos seguían pegados a la pantalla de la computadora.  Sus dedos estaba quietos ahora, su expresión era de sorpresa y me hacía sentir incómoda.  Esperé, pero no dijo nada más.

“¿Hay algo mal?” ¿Acaso los Newton trataban de pasar cheques sin fondos?

“No, no.” Murmuró rápidamente, mirándome con un extraño brillo en los ojos.  Parecía estar reprimiendo alguna clase de emoción.  Me recordó a Jessica cuando tenía algún nuevo chisme que moría por compartir.

“¿Te gustaría imprimir tu estado de cuenta?” Me preguntó.  No era mi hábito -mi cuenta crecía muy despacio y no era difícil hacer las cuentas en mi cabeza.  Pero su tonó de voz me hizo sentir curiosidad .  ¿Que había en la computadora que le fascinaba?

“Claro”.  Acepté.

Presionó una tecla y un corto documento salió de la impresora.

“Aquí lo tienes.”  Sacó el papel tan bruscamente que se rompió en dos partes.

“Ups, perdón.” Buscó en el escritorio, sin voltear a verme, hasta que encontró la cinta adhesiva.  Unió las dos piezas de papel y me las entregó.

“Eh.. gracias” murmuré.  Con el papel en la mano me dirigí hacia la puerta, dando un vistazo rápido para ver si podía deducir cuál era el problema de la Sra. Stanley.

Yo creí que en mi cuenta habían 1535 dólares. Yo estaba mal, eran 1536 no 35.

Y habían 20 000 dólares extra.

Me detuve en donde estaba, tratando de entender los números.  La cuenta estaba 20 000 dólares mas arriba antes de mi depósito de hoy, el que había sido agregado correctamente.

Por un momento consideré cerrar mi cuenta inmediatamente.  Pero suspiré y regresé al mostrador con la Sra. Stanley  donde me estaba esperando con brillantes ojos.

“Hay alguna clase de error Sra. Stanley,” le dije mostrándole el papel.  “Deberían de haber 1536.50 dólares”

Ella se rió, como en complicidad.  “Pensé que eso se veía extraño”

“En mis sueños ¿cierto?” Me reí, impresionada de mi misma por lo normal que sonó mi tono.

Tecleó velozmente.

“Aquí está el problema… hace  tres semanas  hay un depósito de 20 000 de…. parece que de otro banco.  Alguien debe haber confundido los números.”

“¿Me meteré en muchos problemas si hago un retiro?” Le dije bromeando.

Se rió mientras continuaba tecleando.

“Hmmm” dijo otra vez y su frente se arrugó.  “Parece que fue una  transferencia electrónica.  No tenemos muchas de esas, mejor que la Sra. Gerandy vea esto…” y se alejó del escritorio estirando su cuello para ver a través de la puerta que estaba detrás de ella. “¿Charlotte, estás ocupada?” dijo.

No hubo respuesta  y la Sra. Stanley caminó hacia la puerta de atras donde estaban las oficinas.  Me quedé mirando pero no reapareció. Me dí la vuelta y empecé a observar la lluvía que corría por las ventanas.  El agua corría de manera impredecible, a veces movida por el viento.  No estaba consciente del tiempo mientras esperaba.  Traté de mantener mi mente en blanco, pensando en nada, pero no podía regresar a aquél estado de semi-inconciencia.

En algún momento oí voces detrás de mi.  Volteé y vi a la Sra. Stanley y a la esposa del Dr. Gerandy acercarse ambas con la misma sonrisa de cortesía.

“Una disculpa por esto, Bella.” Me dijo la Sra. Gerandy.  “Arreglaré esto con una  corta llamada.  Puedes esperar si así lo deseas.” Indicó con su mano una fila de sillas de madera junto a la pared.  Parecía sillas de un juego de comedor.

“Okay.” Acepté.  Caminé hacia las sillas y me centé justo a la mitad, deseando haber traído un libro.  Hacía un tiempo que no leía nada aparte de lo que me encargaban en la escuela.  Y aún en esos casos, cuando una ridícula historia de amor era parte de la lectura, hacía trampa con CliffNotes [un sitio de internet con resúmenes de libros y esas cosas].  Afortunadamente ahora estábamos trabajando con Rebelión en la Granja.  Pero debía de haber otros libros seguros.  Asuntos políticos.  Misterios sobre asesinatos.  Los horrendos asesinatos no eran problema siempre y cuando no hubiera algún iluso, romántico sub-argumento.

La llamada tomó tanto tiempo que comencé a irritarme.  Estaba cansada de mirar la sala tan monótona y gris sin un sólo cuadro que alegrara las paredes.  No podía mirar a la Sra. Stanley mientras estaba revisando un altero de papeles deteniéndose de vez en cuando a escribir algo en la computadora -volteó a verme una vez y cuando se cruzó con mis ojos pareció sentirse incómoda y tiró un  archivo.  Podía oír la voz de la Sra. Gerandy, un débil murmullo proveniente de la oficina de atrás, pero no alcanzaba a oír lo suficiente como para enterarme de otra cosa aparte de que me había mentido acerca de la duración de la llamada.  Había pasado tanto tiempo que, si esto no terminaba pronto, inevitablemente tendría que pensar.  Entré en pánico tratando de encontrar algún tema seguro para pensar.

Me salvó la reaparición de la Sra. Gerandy. Le sonreí agradecida cuando puso su mano en la puerta y giró su cabeza hacia donde yo estaba.

“Bella, ¿puedes venir un momento?” me preguntó, y me dí cuenta que aún estaba al teléfono.

“Claro” dije mientras ella desaparecía otra vez.

La Sra. Stanley tuvo que abrirme la puerta al final del mostrador para dejarme pasar.  Su sonrisa estaba ausente y no me miró a los ojos.  Estaba totalmente segura de que planeaba escuchar a escondidas.

Mi mente repasó todas las posibilidades mientras caminaba a la oficina.  Alguien intentaba lavar dinero a través de mi  cuenta.  O tal vez Charlie estaba aceptando sobornos y yo le servía para incubrirlos.  ¿Quién daría esa cantidad de dinero para un soborno?. Tal vez Charlie estaba metido en la mafia, aceptando sobornos y usando mi cuenta para lavar dinero.  No, no podía imaginarme a Charlie en la mafia.  Tal vez era Phil.  Después de todo, tal vez no lo conocía tan bien.

La Sra. Gerandy seguía en el teléfono.  Movió su barbilla indicando la silla metálica frente a su escritorio.  Estaba escribiendo rápidamente en la parte de atrás de un sobre.  Me senté, pensando si Phil tendría un pasado oscuro y si a mí me enviarían a la cárcel.

“Gracias, sí.  Bueno, creo que es todo.  Sí, sí.  Muchas gracias por su ayuda.”  La Sra. Gerandy desperdició una sonrisa en el teléfono mientras colgaba.  No se veía enojada o sombría, mas bien emocionada y confundida.  Lo que me recordó a la Sra. Stanley en el pasillo. Jugué un momento con la idea de salir al pasillo y asustarla.

Pero la Sra. Gerandy habló.

“Bueno, creo que tengo muy buenas noticias para tí… aunque no puedo imaginarme cómo es posible que no te hayan informado sobre esto.” Me miró de manera crítica, como si quisiera golpearme en la frente  y decirme, ¡son veinte mil dólares!.

“¿Buenas noticias?” inquirí.  Las palabras implicaban que el error era muy complicado para que ella lo arreglara, y que ella tenía la impresión de que yo era mas rica de lo que pensábamos hace unos momentos.

“Bueno, si realmente no lo sabes… entonces ¡felicidades! Has sido premiada con la beca de…” miró sus notas “… la Fundación del Noroeste del Pacífico”.

“¿Una beca?” Repetí con incredulidad.

“Sí, ¿no es emocionante? ¡Dios mío! ¡Podrás ir a la universidad que quieras!”

Fué en ese preciso momento, mientras ella se ponía feliz por mi buena fortuna, cuando supe exactamente de dónde venía el dinero.  A pesar de la repentina descarga de ira, desconfianza y dolor que sentí, traté de parecer calmada.

“Una fundación que deposita veinte mil dólares en mi cuenta…” resalté “… en lugar de pagarlos a la escuela.  Sin ningún modo de averiguar si realmente uso el dinero para la escuela.”

Mi reacción la puso nerviosa.  Ella pareció ofenderse con mis palabras.

“Sería muy tonto no usar el dinero para otro propósito, Bella.  Es una oportunidad que se presenta unan sola vez en la vida.”

“Desde luego,” dije seriamente.  ” ¿Y esta Fundación del Noroeste del Pacífico menciona exactamente por qué me escogieron a mi?”

Volvió a sus notas con el entrecejo ligeramente fruncido debido a mi tono.

“Es de mucho prestigio -no dan esta beca todos los años.”

“Podría aposta que no.”

Ella volteó a verme pero desvió la mirada rápidamente.  “El banco en Seattle que maneja la fundación me dirigió con el hombre que maneja las asignaciones.  Dijo que esta beca se basa en mérito, género y ubicación.  Es para mujeres estudiantes que viven en pequeños pueblos quienes no tienen las oportunidades que hay en las grandes ciudades.”

Parece que alguien pensó que estaba siendo gracioso.

“¿Mérito?” Pregunté, desaprobando. “Tengo un 3.7 GPA [es una escala de calificaciones]. Fácilmente puedo nombrar tres chicas en Forks con mejores calificaciones que yo, una de ellas es Jessica.  Además, yo nunca apliqué para esta beca.”

Ahora estaba muy nerviosa, moviendo su pluma.  Buscó de nuevo entre sus notas.

“Él mencionó esto…”  mantuvo los ojos en el sobre, no muy segura sobre qué hacer con mi actitud.  “Ellos no aceptan aplicaciones.  Ellos revisan las aplicaciones rechazadas de otras becas. Obtuvieron tus datos de la aplicación que mandaste para la ayuda financiera de la Universidad de Washington.”

Sentí las orillas de mi boca irse hacia abajo.  No sabía que me habían rechazado ahí.  Era algo que había echo hace tiempo, antes de…

Y no había considerado otras posibilidades, aunque se me estaban pasando las fechas límite.  No podía concentrarme en el futuro.  Pero la Universidad de Washington era la única que podría mantenerme cerca de Forks y de Charlie.”

“¿Cuándo obtuvieron las aplicaciones rechazadas?”  Pregunté triste.

“No estoy segura querida.” La Sra. Gerandy estaba infeliz. Ella esperaba emoción y estaba obteniendo hostilidad. Deseaba tener alguna manera de explicarle que la negativa no era para ella.  “Pero el administrador dejó su teléfono por si tenías preguntas – lo puedes llamar tú misma si quieres.  Estoy segura que el podrá confirmarte que ese dinero es para tí.”

No  tenía duda de eso.  “Me gustaría tener su número.”

Escribió el número rápidamente en un pedazo de papel.  Hice una nota en mi cabeza de donar anónimamente post-its al  banco.

El número era de larga distancia.  “¿No dejó algún correo electrónico?”  Pregunté escépticamente.  No quería elevar el monto del recibo de Charlie.

“De hecho, sí.”  Me sonrió, feliz de tener algo que yo quería.  Escribió otra línea en mi pedazo de papel.

“Gracias, me pondré en contacto con él en cuanto llegue a mi casa.”  Mi expresión era dura.

“Hija,” dijo la Sra. Gerandy. “Deberías estar feliz por esto.  Es una gran oportunidad.”

“No voy a tomar 20 000 dólares que no me he ganado,” repliqué tratando de mantener fuera de mi voz la indignación.

Se mordió el labio y bajó la vista.  Ella pensaba que yo estaba loca.  Bueno, entonces iba a hacer que lo dijera en voz alta.

“¿Qué?” Le pregunté.

“Bella,” hizo una pausa y yo esperé con una sonrisa fingida.  “Sustancialmente, son mas de 20 000 dólares.”

“¿Perdón?” Me atraganté.  “¿Mas?”

“De hecho, 20 000 dólares es solamente el pago inicial.  De ahora en adelante vas a recibir 5000 dólares cada mes hasta que termines tu carrera.  Y si sigues estudiando ¡la beca continúa!”. Se volvió a emocionar cuando me dijo esto.

No pude hablar al principio, estaba lívida.  5 000 dólares cada mes por un periodo de tiempo ilimitado.  Necesitaba golpear algo.

“¿Cómo?”.  Me las arreglé para decir.

“No entiendo qué quieres decir”

“¿Cómo me van a dar los 5000 dólares cada mes?”

“Te los van a enviar a tu cuenta aquí.” Me contestó perpleja.

Hubo un breve momento de silencio.

“Voy a cerrar esa cuenta ahora.” Dije secamente.

Me tomó quince minutos convencerla de que hablaba en serio.  Tenía una reserva interminable de razones de porqué eso era una mala idea.  Yo argumenté acaloradamente hasta que se me ocurrió que ella estaba preocupada acerca de darme los 20 000.  ¿Tendría todo ese dinero en efectivo?.

“Mire, Sra. Gerandy.” Le aseguré. “Sólo quiero retirar mis 1500. Apreciaría mucho que usted envíe el dinero de regreso al lugar de donde vino. Yo aclararé todo con este ” – miré el papel “- Sr. Isaac Randall.  Ha sido un error.”

Esto pareció relajarla.

Después de quince minutos, con un rollo de quince billetes de cien, uno de veinte, uno de diez, una de cinco, uno de uno y cincuenta centavos en mi bolsillo, escapé del banco aliviada.

La Sra. Stanley y la Sra. Gerandy se quedaron juntas en el mostrador, mirándome sorprendidas mientras me iba.

***

ESCENA DOS: Ese mismo día, después de comprar las motocicletas y visitar a Jacob la primera vez…

Cerré la puerta detrás de mí y saqué los ahorros para la universidad de mi bolsillo.  Parecía muy poco en la palma de mi mano.  Guardé el dinero en un calcetín que no tenía par y lo metí en el fondo de mi cajón de ropa interior.  Probablemente no era el mejor lugar para esconder algo, me preocuparía de pensar en algo mas creativo después.

En mi otro bolsillo estaba el papel con el teléfono y el correo electrónico de Isaac Randall.  Lo saqué y lo puse junto al teclado de mi computadora, luego presioné el botón de encendido, moviendo el pie mientras la computadora iniciaba.

Cuando me conecté, abrí mi cuenta de correo gratuita.  Traté de demorar el momento de escribir, primero me tomé el tiempo para borrar la montaña de spam que se había acumulado desde la última vez que le escribí a Renee.  Eventualmente terminé, así que abrí la ventana para un correo nuevo.

El correo era “irandall” así que asumí que  iba directo al hombre que yo necesitaba.

Querido Sr. Randall, escribí.

Espero que recuerde la conversación de esta tarde con la Sra. Gerandy del Banco Federal de Forks.  Mi nombre es Isabella Swan, y aparentemente usted tiene la impresión de que he sido premiada con una generosa beca de la Fundación del Noroeste del Pacífico.

Lo siento, pero no puedo aceptar esta beca.  He pedido que el dinero que ya he recibido sea devuelto a la cuenta de donde vino, y cerré mi cuenta en el Banco Federal de Forks.  Por favor otorguen la beca a otro candidato.

Gracias,

I. Swan

Me tomó varios intentos lograr que sonara bien -formal, sin ambigüedades y final.  Lo leí dos veces antes de enviarlo.  No estaba segura qué clase de instrucciones habría recibido este Sr. Randall acerca de la falsa beca, pero no pude ver ningún cabo suelto en mi respuesta.

ESCENA TRES:  Unas semanas después, después de la “cita” de Bella y Jacob con las motocicletas…

Cuando regresé, recogí el correo mientras entraba a la casa.  Descarté rápidamente los recibos y la publicidad, hasta que llegué a la última carta.

Era un sobre regular, dirigido a mí -mi nombre escrito a mano, cosa que era inusual.  Miré a la dirección del remitente con interés.

Interés que pronto se transformó en nerviosismo.  La carta era de la Fundación del Noroeste del Pacífico, de la Oficina de Asignación de Becas.  No había ninguna dirección bajo el nombre.

Probablemente era solo una confirmación formal de mi rechazo a la beca, me dije a mí misma.  No había razón para sentirme nerviosa.  Ninguna razón en absoluto, excepto el pequeño detalle de que pensar sobre esto a fondo me enviaría en una espiral que acababa directo en el planeta zombie.  Sólo eso.

Dejé el resto del correo en la mesa para Charlie, recogí mis libros de la sala y subí las escaleras.  Una vez en mi cuarto, cerré la puerta con llave y abrí el sobre.  Tenía que recordar el permanecer enojada.  Estar enojada era la clave.

Querida Srita. Swan,

Permítame felicitarla formalmente por ser premiada con la prestigiosa beca J. Nicholls de la Fundación del Noroeste del Pacífico.  Esta beca no es otorgada frecuentemente, y debe sentirse orgullosa al sabe que el Comité de Asignaciones la eligió por decisión unánime.

Han habido pequeñas dificultades para hacerle llegar el dinero de la beca,  pero usted no debe preocuparse.  Me encargaré personalmente de supervisar que usted  no tenga ninguna inconveniencia.  Encontrará en este sobre un cheque por veinticinco mil dólares correspondientes al premio inicial más su primera mensualidad.

De nuevo la felicito por este logro.  Por favor acepte los mejores deseos de la Fundación del Noroeste del Pacífico.

Sinceramente,

I. Randall

Estar enojada ya no era un problema.

Miré de nuevo en el sobre segura de que había un cheque adentro.

¿Quiénes son estas personas? dije entre dientes, haciendo bola la carta con mi mano.

Caminé furiosa hacia el cesto de basura para buscar el papel con el teléfono del Sr. I. Randall.  No me importó que fuera larga distancia – iba a ser una conversación muy corta.

“¡No es posible!” dije.  El cesto estaba vacío.  Charlie había sacado la basura.

Tiré el sobre y el cheque en la cama y miré de nuevo la carta.  Estaba escrita en papel membretado, con el nombre Oficina de Asignación de Becas de la Fundación del Noroeste del Pacífico escrito con letras verdes, pero no había información, ni dirección, ni número telefónico.

“¡Maldición!”

Me senté en la orilla de la cama y traté de pensar claramente.  Obviamente iban a ignorarme.  Mis intenciones en la carta habían sido claras, así que no era un error de comunicación.  Probablemente no habría ninguna diferencia si llamaba.

Así que sólo había una cosa que hacer.

Volví a hacer bola la carta junto con el cheque y el sobre y bajé las escaleras.

Charlie estaba en la sala, con la TV encendida.

Fuí hacia la cocina y puse los papeles en el fregadero.  Busqué en los cajones hasta que encontré una caja con cerillos.  Prendí uno y lo acerqué al papel.  Prendí otro e hice lo mismo.  Iba por un tercero pero todo el papel ya estaba encendido así que no había necesidad.

“¿Bella?” Se oyó la voz de Charlie por encima del ruido de la TV.

Abrí rápido la llave del agua, con un sentimiento de satisfacción al ver que la fuerza del agua apagaba las flamas y del papel solo quedaban cenizas.

“¿Sí papá?” Guardé los cerillos de nuevo en el cajón y lo cerré sin hacer ruido.

“¿Hueles a humo?”

“No papá”.

“Hmph”.

Enjuagué el fregadero hasta estar segura de que todas las cenizas se habían ido.

Regresé a mi cuarto sintiéndome mas tranquila.  Pueden enviarme todos los cheques que quieran, pensé contenta.  Podría conseguir mas cerillos cuando se me acabaran.

ESCENA CUATRO: Durante un periodo en que Jacob la está ignorando…

En la puerta estaba un paquete de FedEx.  Lo examiné esperando un remitente de Florida, pero venía de Seattle.  No había datos del remitente.

Estaba dirigida a mí, no a Charlie, así que la tomé y la puse en la mesa para abrirla.  Cuando ví el logotipo verde de la Fundación del Noroeste del Pacífico sentí que me enfermaría de nuevo del estómago.  Me dejé caer en la primera silla sin mirar la carta, mientras la ira iba creciendo.

Ni siquiera pude leerla, aunque no era larga.  La saqué, la puse boca abajo en la mesa y me asomé de mala gana a ver que había en la caja.  Era un sobre grande color manila.  Tenía miedo de abrirlo, pero está tan furiosa que lo abrí de un jalón.

Mi boca estaba cerrada en una línea mientras quitaba el papel sin molestarme por abrir el sobre por la tapa.  Tenía suficientes cosas con que lidiar.

Me quedé en shock pero al mismo tiempo no me sorprendí.  ¿Qué otra cosa podría ser? Tres paquetes de billetes envueltos con ligas.  No tenía que ver las denominaciones.  Yo sabía exactamente cuánto dinero querían forzarme a aceptar.  Serían treinta mil dólares.

Levanté el sobre con su contenido para llevarlo al fregadero.  Los cerillos estaban justo donde los había dejado la última vez.  Saqué uno y lo encendí.

Se estaba quemando y cada vez el fuego se acercaba mas a mis dedos mientras yo observaba el odioso paquete.  No pude quemarlo.  Apagué el cerillo haciendo una mueca.

Tomé la carta de la mesa, la hice bola y la puse en la otra tina del fregadero.  Prendí otro cerillo y lo arrojé al papel viendo con satisfacción mientras se quemaba.  Un calentamiento.  Saqué otro cerillo.  Otra vez lo sostuve en mi mano encendido cerca del sobre.  Otra vez casi me quemó antes de que lo aventara sobre las cenizas de la carta. No podía quemar treinta mil dólares.

¿Qué iba a hacer con esto? No tenía una dirección para regresarlo -estaba segura de que la fundación no existía.

Entonces se me ocurrió que sí tenía una dirección.

Metí de nuevo el dinero en la caja de FedEx, quitando la etiqueta que estaba por fuera de la caja por si alguien la encontraba le fuera imposible ligarla conmigo, y me dirigí a la troca gruñendo cosas incoherentes todo el camino.  Me prometí a mi misma que iba a hacer algo muy tonto con mi motocicleta esta semana.  Brincaría si tenía que hacerlo.

Odié cada pulgada del camino mientras conducía entre los árboles, apretando los dientes hasta que me dolió la quijada.  Las pesadillas serían intensas esta noche – esto era como rogar por ello. Los árboles se iban abriendo mientras conducía furiosa a través de ellos dejando dos líneas de hierba aplastada detrás de mí. Me detuve cerca de los escalones de la entrada y puse la troca en neutral.

La casa se veía exactamente igual, dolorosamente vacía, muerta.  Sabía que estaba proyectando mis propios sentimientos en su apariencia, pero eso no me hizo cambiar la forma en cómo la veía. Con cuidado de no ver a través de las ventanas caminé hacia la puerta.  Deseé desesperadamente volver a mi etapa zombie sólo por un minuto, pero eso hace mucho que se había acabado.

Puse cuidadosamente la caja en la puerta de la casa abandonada y me dí la vuelta para marcharme.

Me detuve.  No podía dejar un montón de efectivo en la puerta.  Eso era tan malo como haberlo quemado.

Con un suspiro, manteniendo los ojos abajo, me regresé y recogí la caja.  Tal vez podría donar el dinero a una causa noble de manera anónima.  Una obra de caridad para personas con enfermedades en la sangre o algo así.

Pero cambié de idea cuando iba hacia la troca.  Era su dinero y, maldita sea, se lo iba a regresar. Si se lo robaban de enfrente de su casa era su culpa no mía.

Mi ventana estaba abierta así que sólo aventé la caja los mas fuerte que pude hacia la puerta.

Nunca tuve buena puntería.  La caja se estrelló ruidosamente con la ventana del frente, dejando un hoyo tan grande que parecía que había aventado una lavadora.

“¡Ah!, maldición.”  exclamé, cubriendo mi cara con mis manos.

Debí haber sabido que no importaba lo que hiciera, solo dejaría las cosas peor.

Afortunadamente, la ira se reafirmó por si sola.  Esto era su culpa, me recordé a mí misma.  Solo le estaba regresando lo que era de su propiedad.  Era su problema si él había hecho esta tarea tan difícil.  Además, el sonido del cristal al romperse era agradable, de alguna manera -me hacía sentirme mejor en un modo perverso.

No estaba muy convencida, pero quité el neutral y conducí de regreso.  Era lo mas parecido, dentro de mis alcances, a regresar el dinero a su dueño.  Y ahora tenía un conveniente espacio para dejar el paquete del próximo mes.  Era lo mejor que podía hacer.

Lo pensé miles de veces después de que llegué a casa.  Busqué algún cristalero en el directorio telefónico, pero no había ningún extraño que me pudiera ayudar.  ¿Cómo iba a explicar la dirección? ¿Charlie me arrestaría por vandalismo?

ESCENA CINCO: La primera noche cuando Alice regresa después de que Bella se “suicidó” .

” ¿Jasper no quiso venir contigo?”

“No aprueba que yo interfiera.”

Hice una mueca.  “No eres la única.”

Se puso tensa pero se relajó enseguida.  “¿Eso tiene que ver con el hoyo en la ventana del frente de mi casa y la caja llena de billetes de cien dólares en el piso de la sala?”

“Sí,” dije enojada.  “Perdón por lo de la ventana, fue un accidente.”

“Usualmente lo es contigo.  ¿Qué fue lo que él hizo?”

“Algo llamado Fundación del Noroeste del Pacífico me otorgó una rara y persistente beca.  No fue una buena manera de encubrirse.  Es decir, no puedo imaginarme que él quisiera que yo supiera que era él, pero espero que no piense que soy tan estúpida.”

“Tramposo.”  Alice murmuró.

“Exactamente”

“Y me dijo que no mirara“.  Movió la cabeza en señal de irritación.

ESCENA SEIS:  Con Edward la noche que regresan de Italia, en el cuarto de Bella.

“¿Existe alguna razón por la que el peligro no puede resistirte, así como yo no puedo resistirme a ti?”

“El peligro no trata de resistirse a mí.”

“Claro, pero tengo la impresión de que tu estuviste buscando el peligro.  ¿Qué estabas pensando Bella?.  Ví en la mente de Charlie la cantidad de veces que estuviste en urgencias últimamente.  ¿Mencioné que estoy furioso contigo?”

Su suave voz sonaba mas preocupada que furiosa.

“¿Por qué? No es de tu incumbencia”, dije avergonzada.

“De hecho, recuerdo que prometiste específicamente no hacer ninguna tontería.”

Mi respuesta fue rápida.  “Y tu prometiste algo acerca de no interferir.”

“Cuando tu traspasaste la línea,” él aclaró, “yo estaba cumpliendo con mi parte del trato.”

“¿En serio?.  Cinco palabras Edward: Fundación – del – Noroeste – del – Pacífico.”

Levantó su cabeza para mirarme, su expresión una mezcla de confusión e inocencia -demasiada inocencia.  Se delató.  “¿Se supone que eso significa algo para mí?”

“Me ofendes”.  Me quejé.  “¿Qué tan tonta crees que soy?”.

“No tengo idea de lo que estás hablando”.  dijo.

“Como sea”.  Refunfuñé.

ESCENA SIETE:  La conclusión de todo esto, la misma noche/mañana, cuando llegan a la casa de los Cullen para votar.

De repente, la luz de la entrada se encendió y pude ver a Esme ahí.  Su ondulado cabello color caramelo estaba recogido y traía una especie de paleta en la mano.

“¿Están todos en casa?”.  Pregunté mientras subíamos las escaleras.

“Sí”.  Mientras hablaba, las ventanas se llenaron de luz.  Miré a través de la mas cercana para saber quién notó que habíamos llegado, pero el recipiente gris que alcancé a ver me llamó la atención.  Me fijé en la perfección del cristal y entendí que era lo que estaba haciendo Esme afuera con una paleta.

“Oh Esme.  De verdad perdón por lo de la ventana. Yo iba a -“

“No te preocupes,” me interrumpió riendo “Alice me contó la historia, y tengo que decir que no te hubiera culpado si lo hubieras hecho a propósito”. Fulminó a Edward con la mirada mientras Edward me miraba a mí.

Levanté una ceja.  El miró a otro lado y dijo algo acerca de caballos regalados ***”.

*** El texto decia “gift horses”, es una expresión en ingles “don’t look a gitf horse in the mouth” que  se utiliza para decir que no hay que ser malagradecidos cuando se recibe un regalo.

El texto original en inglés lo encuentran en el sitio de Stephenie  Meyer en la siguiente liga: http://www.stepheniemeyer.com/pdf/nm_outtakes_scholarship.pdf


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